Illustration: Kristin Ulve

‘Las satánicas majestades’ es una registrada exclusiva única de Mick and company, y a ellos, aunque no lo creáis, mis ojos no las han presenciado aún en acción…’Las vampíricas majestades’ son las que hace unos días tomaron una parte de Brooklyn, Coney Island. Como si de espartanos se tratase, rugiendo embravecidos con sus escudos perfectamente afinados y haciendo suyo el nuevo y recién remodelado anfiteatro Ford junto a la playa. Un supergrupo liderado por un tétrico anfitrión Alice Cooper, brillantísimo maestro de ceremonias y fundador del ‘drinking club’ The Hollywood Vampires, seguido por sus socios Joe Perry y Johnny Depp, y por un reconocido escuadrón de batalla, los no menos notables; Robert DeLeo (Stone Temple Pilots), Matt Sorum (Guns n Roses)Tommy Henriksen (Warlock). Fundada para rendir homenaje a la historia del rock, la banda no hace más que honor a lo que a mediados de los 70’s fue el escondrijo de nombres relevantes como Keith Moon, Ringo Starr, Lemmy y hasta el mismísimo Lennon, cuyos cuerpos y almas se sumían en la nocturnidad y en la bebida casi cada noche en los rincones más oscuros del Rainbow Bar and Grill situado en West Hollywood (Los Angeles, California).

“We come here to pay tribute to our dead and drunk friends” (Venimos aquí a rendir homenaje a nuestros ebrios y difuntos amigos). Así se dirigía un Cooper de 68 años ante sus súbditos neoyorkinos y así comenzaba un espectáculo de puro rock de casi dos horas. Un espectáculo que por un momento se vió en medio de la más inoportuna improvisación. Justo al comenzar con la segunda canción Perry se da la vuelta tambaleándose hacia la batería, se sienta y sigue tocando, se vuelve a levantar y cae en redondo ante los estupefactos ojos. Se lo llevaron en una camilla hacia backstage y de ahí al hospital. Inmediatamente, las guitarras principales recayeron en un Johnny sereno y astuto. Como si con él no fuera la cosa se te olvidaba por un momento delante de quien realmente estabas. La ropa interior literalmente volaba hacia él, las recogía y la colocaba gentilmente sobre su pie de micro. Las flores por otro lado las iba recogiendo Alice que daba las gracias y las terminaba despedazando sobre su rodilla de la forma más sensual y poderosa. Eso era un no parar. Si era una total e incondicional seguidora de JD, a partir de ver a AC por primera vez, mi conversión ha quedado finalmente realizada.

A mi modo de verlo, el rock murió si, puede ser…, por un extraño período de tiempo. Como muchos gafapastas y modernos se empeñan en convencernos de su trágica y desdichada huída hacia los infiernos para dar paso a la etérea, naïf y mesurada melodía ‘hipster’. Lo mejor del caso es que la verdadera actitud y el espíritu nunca muere, se transforma, adquiere nuevas formas para sobrevivir, se modifica, se muta, se revela, se provoca a sí mismo, te provoca hasta que dices la verdad, te hace sentir hasta que te sonrojas y te habla al oído para que te duermas…Todo esto no son más que algunos sinónimos para definir lo que nunca murió en realidad. Se tomó un descanso, se retiró elegantemente y se armó de más fuerza para volver a luchar por un puesto que le arrebataron. Así que no me vengan a decirme que el rock es para antiguos y que está pasado de moda. La masa sin condimentar al final no le gusta a nadie.

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